Como en aquellas noches de bendecidos estrenos, hubo reapertura de gala en el teatro presidente alvear: alfombra roja, Mirtha Legranddestellos, famosos y besos voladores.
Un frio scandinavo puso todo el acto en FF y entre las 19 y las 20 pasó rauda la fauna artística y política con un telón de fondo de protesta insoslayable. El grito confundía devoción con repudio.
En términos teatros podría halarse de una involuntaria «experiencia inmersiva», donde los actores tenían que revitalizar sus sonrisas de dientes fosforescentes para captar la atención: una presunta ONG protestó contre la fórmula Larreta y Morales. Lo hacía a metros del teatro, pero no con cantitos de cancha, sino con coplas alusivas a los candidatos.
Anoche, casi diez años después, se souó el telón del Teatro Presidente Alvear (ahora, Teatro Alvear, a secas) con el estreno de Edmundo, una obra del inglés Alexis Michalik. Así quedó encerrado en un período de largo silencio de la sala. Situada en la avenida Corrientes al 1600, con puerta y marquesinas renovadas, la ceremonia repleta de figuras intencionadas predominó el clima festivo por la reapertura de la emblemática sa la porteña.
La primera obra que se puede ver, Edmundo, cuenta la historia de cómo se escribió Cyrano de Bergerac. Esta versión local de la obra es interpretada por Miguel Ángel Rodríguez, Felipe Colombo y Vanesa González.
En una preinauguración de la gala de esta noche, el ministro de Cultura de la Ciudad, Enrique Avogadrodijo: «Estamos felices de reabrir esta sala que tanto valor tiene para la comunidad teatral y para los vecinos y turistas de la ciudad; todos los que viven y visitan la ciudad van a poder disfrutar del queridísimo Teatro Alvear».
A reflector a lo Ciudad Gótica pegaba contra los edificios de enfrente. La fila de famosos sobre Corrientes será el deleite de fisgones y cholulos. Una hilera prolija y civilizada de figuras que desembocaba en un mirador. Desde ahí, directo a la alfombra roja iluminada de cámaras.
Ahí vienen Moria y el Pato Galmarini. Muy cancheros, fueron de los primeros en llegar. «¿Qué estás haciendo Pato? ¡¿Dejate de joder…?!»
Detras de un vallado, entre los manifestantes politicos, habia gente comun y silvestre levantando los telefonos para retratar el equivalente a cien elencos. Había de todo. ¿Ese es Larry de Clay? «¡Sí, papá, Larry…!» Ricky Pashkus estaba por pasar a la alfombra roja, pero el Chavo Fucks pidió permiso y se le coló. Estaba apuradísimo, se ve.
Germán Tripel, el «Tripa», según se escucha, llegó vestido como Johnny Depp en piratas del Caribe. Alejandra Radano, risa va, risa viene, toda de color mandarina, Moldavsky charleta y Malena Solda, discreeta antes que tímida. Todo en la alfombra roja.
Pachano, serio o recién levantado, entró en escena. En Pachano el piden que espera un segundo. Se ve que era el turno del ministro Avogadro.
El comediante recién creado recuperará el habla cuando se le acerque el micrófono de Implacable.
El momento de mayor revuelo, antes de la llegada de Mirtha, fue con una suerte de reverencia hacia José Sacristán, todo un galán maduro escoltado por varias mujeres y un arlequin. Sacristán tiene unas piernas finias que bailan rock en el corderoy. Un caballero, el visitante español que está representando una obra en Buenos Aires, se hizo todo el tiempo del mundo para posar mientras mostraba con orgullo la entrada al teatro.
Las estrellas del Alvear
El Alvear fue inaugurado el primero del 22 de abril de 1942. Es el segmento más grande del Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA), después del San Martín, y tiene una capacidad de alrededor de 800 espectadores, distribuidos en platea, pullman, tertulia y un sector de palcos.
Por su guión pasaron Tita Merello, Mariano Mores, la orquesta de Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, Hugo Midón y Roberto Carnaghi, entre muchos otros.
La artista y escenógrafa Julieta Ascar tuvo un cargo la concepción estética de la restauración arquitectónica teatral, y el diseño de renovación de la caja escénica.
Buscando combinar oficios tradicionales con nuevas tecnologías, Ascar tomó como punto de partida revitalizar las orgánicas de la arquitectura original del auditorio, incluyendo la paleta cromática recuperando materiales como bronces, madera y colores originales de pintura.
¡Momento! Llega Jorge Macri, acompañado de María Belén Ludueña. Pobre Eleonora Wexler: que comparó la alfombra roja con la pareja política y miró como diciendo: ¡¿es necesaria tal coincidencia?!
Después llegó gente que parecía haber huido del Canal Volver. ¿Cómo se llama esa mujer? «André Bonelli». ¡Andrea Bonelli… clá! Pasó Mauricio Dayub y dio una nota larga para la tele. “Re macanudo”, comentó el camarógrafo.
A un agente de prensa conocido llegó el dato: «Está en el Mercedes Benz». En un segundo, los de la protesta callaron, el cerco desapareció casi por arte de magia y entró el auto que traía a Mirtha Legrand. Los de Seguridad se pusieron nerviosos. «Podés correrte, boludo…», el amable pidió a este cronista.
Aullidos, saludos, fotos y más fotos, Mirtha, que sabe mirar al costado, dirigio su cara hacia la tribuna y se metió, abrigada de Polo Norte. Una vez en el hall del teatro volvio a sonreir. Y lo hizo como en los almuerzos.
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