El hueso Porsche 924 y 928 Se presenta como un salto mortal hacia adelante en tecnología con sus mejoras mecánicas. Lo que sigue produciendo polémica ahora, a 33 años del final de su fabricación, es su dibujo. La apuesta aerodinámica, dicen algunos especialistas, arrastra un error crucial.
Ha desaparecido una sucesión de experimentos inaugurados por la singular obra de arte de un artista de los Países Bajos. En su investigación, el hecho de que se dedicó case una vida, descubrió que la autotensión cede mejor la circulación en sentido inverso que en su sentido normal. Recorrió exposiciones fiel al espíritu del proyecto: con un carro que andaba al soñar, como para -de paso- recuperar del pasado los antecedentes de los readymades de Marcel Duchamp. Hasta como la introducción de un popular programa de televisión lo hizo enfurecer.
Toda sucesión entre 1992 y 2010. Oskar De Kiefte trabajó en sus modelos Porsche. A simple vista, la ubicación de los espejos y los asientos revela las particularidades de su obra. Survive uno de los vehículos, además de fotografías y algún breve video andando en círculos dentro de una sala. Fue su presentación de credenciales ante los especialistas y el público. En consecuencia no le cayó en gracia que los famosos «Cazadores de mitos» refutaran la leyenda sobre la que había montado su carrera. La respuesta fue rotunda: dijo problemas logísticos del equipo de TV y cuestionó la cientificidad de sus conclusiones.
Difícil creer que la sucesión de pruebas y dardos mediáticos entrará en los cálculos del equipo que en la década de los 70 formó esos autos deportivos. Aunque, al parecer, la marca alemana sí había explorado la posibilidad de que sus creaciones funcionaran mejor en retroceso que hacia adelante.
The Porsche del error y el estudiante que lo descubrió
El holandés Harm Lagaay y el letón Anatole Lapin (artículo del 911) sus diseñadores históricos. Ambos dejaron su firma en el modelo 924 (construido entre 1976 y 1988), un cupé de dos puertas y cuatro plazas con un motor que alcanzaba los 125 CV y cuyo velocímetro trepaba a los 230 km/h. El mapa con el que jugarán será la dotación de cambio automático completo, además de ser la primera creación de la firma de Stuttgart con motor delantero y tracción trasera.
Meses más tarde salió el 928 (1977-1995). Si bien no formuló su misión de reemplazar al histórico 911 (vigente aún hoy) y hasta fue un choque en ventas, se convirtió en el primer vehículo de la marca provisto con motor V8. L’agregaba detalles de lujo al probado rendimiento del 911. Además mejores versiones llegaba a 300 CV y aceleraba hasta 277 km/h.
No fue la mecánica, sin embargo, lo que los convirtió en materia de rumores y leyendas. El mito se erigió sobrio el supuesto desliz que cometieron los ingenieros y que trajeron consecuencias inesperadas: la disposición aerodinámica del auto -sostenían los exégetas- aseguraba un mejor rendimiento marcha atrás. Increíble, ¿pero real?
De Kiefte estudió arte en la escuela HKU. Como parte de este trabajo, investigó el uso de automóviles en artefactos artísticos. Detrás de su búsqueda residía el concepto de readymade o arte encontrado, que Duchamp prefiguró con la «Rueda de bicicleta» (1914) y que consagró con la «Fuente» de 1917 (aquel mingitorio cabeza abajo).
Las sospechas sobre el Porsche se despertaron cuando, hacia 1992, el estudiante descubrió que la silueta invertida del autocar se asemeja a la forma más aerodinámica posible. Durante meses hizo pruebas hasta que tres años más tarde se graduó gracias a la fabricación de una pieza única.
Cómo fue el experimento del carro que funcionaba al soñado
También para seguir a Duchamp, De Kiefte recuperó una tesis del diseñador industrial norman bell geddes, quien en los años treinta dijo que el mundo vivía equivocado: desde un point de vista aerodynamic, los autos estaban circulando en sentido erróneo. Inspiración para De Kiefte.
Los trabajos incluyen pruebas de velocidad que, según el autor, demostraron su tesis. En un punto de exploración conocido, ingresas que hasta la propia empresa ya había hecho pruebas en túnel deviento, con mejores resultados que los que él perfeccionaron.
En esa altura, los holandeses han contactado con sus vehículos que se han fijado en cualquier exposición que visitan: un 928 plateado que vendió en 1998 y un 924 que aun gira por ferias pintado de celeste y con una roja flecha. Los detalles no dejaban lugar a dudas: Miraban en otra dirección.
Tal vez lo más evidente ocurra los asientos, orientados hacia el parabrisas trasero. De la trompa surgieron dos tubos de escape que, a todas las luces, no estaban en los ejemplares originales. Los espejos laterales y el rearvisor también parecían colocados en un lugar erróneo.
En acción, el hechizo se materializa en las calles direccionales traseras, mientras que las delanteras permanecerán fijas. Exactamente como ningun ingeniero lo hubiera hecho. Pero De Kiefte tiene otra mentalidad: es artista. Por eso, cuando 15 años después salió a cazar su mito, sentí que le tocó el ego.
La leyenda viajó lejos. Demasiado lejos. Acceda a muestras de los productores de MythBusters y programe millones de personajes a través de Discovery Channel. En un programa de 2010, los Cazadores de Mitos salieron a contrastarla con un Porsche 928.
La primera prueba fue colocarlo en un estanque lleno de agua y tinta para evidenciar el flujo del liquido. Fue un paso en falso, con resultados no concluyentes. Volvieron a intentarlo, pero ahora conviento para comparar la carga aerodinámica cuando sopla desde el frente y desde la cola.
Además, midieron sur reacción para legar a las 60 millas por hora (96 km/h): primero con su disposición habitual y luego con la carrocería invertida. Para el final déjaron una carrera como no hubo otra entre una unidad normal y otra con el parabrisas como proa: Los aceleraron a 100 millas por hora (160 km/h) y al llegar a cierto punto los dejaron en punto muerto, para que con el enviadon -y sin influencia de pequeñas variantes en el motor- se midieran hasta un meta.
En el show mostró que, salvo el mal grado intento inicial, el resto de los test fueron exitosos. Las conclusiones desmintieron el mito: al circular hacia adelante es más aerodinámico que al circular con la carrocería dada vuelta, y también es más eficiente su consumo de combustible.
De Kiefte no tardó en salir al cruce de la evidencia televisiva. En un comunicado de prensa, se observó que los productores giraron el ajuste del coche pero no cambiaron la posición del motor. “No queda espacio para el conductor, lo que no es agraciado a alta velocidad”, dijo. Siguió con sus objeciones. “En segundo lugar, es importante colocar la carrocería correctamente. La cola en posición más alta o más baja hace una gran diferencia”.
En su rudimentaria página web, casi como una nota al pie, agrega otras críticas a los Cazadores de Mitos. “Arruinaron la prueba: compararon dos versiones diferentes del 928, con diferentes coeficientes aerodinámicos. El productor ejecutivo no obtuvo el auto que compró”, aseguró enfurecido.
Y siguió defendiendo su insólito experimento con el Porsche que andaba al revés: «Este test no es serio ni tiene gracia». Aferrado a esos argumentos, continue de gira por exposiciones y ferias, donde atrae la mirada de los curiosos. Y aunque introdujo más reformas (como la ampliación del parabrisas, que para el resto de los mortales es la luneta), aún no le dieron licencia para andar por las calles. El neerlandés errante deberá seguir esperando. Al menos, hasta que el mundo acepte que lleva más de un siglo girando en el sentido equivocado.


