«Somos peronistas pero no boludos»

«Somos peronistas pero no boludos»

“¿Ustedes dicen que el Estado comprime acciones del Banco Galicia para evitar su bancarrota? »preguntó Eduardo Duhalde a finales de 2002.

El sistema bancario y la vida de los depositantes habían sido alterados por el corralito y el corralón. Básicamente, no hay disponibilidad gratuita disponible de los ahorros para las personas. El Banco Galicia, mayor banco privado y nacional entonces, estaba al borde del límite.

“¿Cuánto pagaríamos?”preguntó Duhalde.

«Un dólar, señor presidente»respondió Mario Blejer, titular del Banco Central.

«¡¿Un dolar?! Demasiado caro. Tráiganme otra solución, pero el Estado no se puede comprar un problema así por un dólar en medio esta crisis”.

Blejer, que por estos días sigue en detalle lo que ocurre en Estados Unidos con una serie de bancos que tuvieron que ser scatados por el Estado, como esa vez el Galicia, y otros que están ahí en la cuerda floja -todo esto estalló luego que de la Reserva Federal sufrirá la nueva tasa de interés consecutivamente en el último año, pasando del 0 al 5%-, recuerda la astucia del ex presidente.

«Fue una respuesta genial decir que era caro comprar el Banco Galicia por un dólar. Hubiera significado un problema en muchos aspectos por lo que vino después”. Era la salida del 1 al 1.

El tema había sido en verdad plantado por primera vez por Blejer en una reunión con Jorge Remes Lenicov, ministro de Economía, y su número dos, secretaria de Política Económica, Jorge Todesca, que con Mauricio Macri se haría cargo de la conducción del Indec y su reconstrucción tras la etapa del kirchnerismo.

El titular del Central les habló del concepto muy grande para fallar (demasiado grande para caer, en inglés) del Banco Galicia, propiedad de Eduardo Escasany, argumentando que él era el responsable de la estabilidad del restaurante del sistema y estaba preocupado por este banco en particular.

Pero para un gobierno peronista, ayudar a un banquero era algo más que atender los criterios de superintendencia que el BCRA debía atender.

«Somos peronistas pero no boludos, Mario», lo corto Todesca.

Blejer insistió, y junto con Remes fueron a verlo a Duhalde a Olivos. Fue ahí donde el Presidente rechazó la propuesta del Central diciendo que no compraría el banco ni por un dólar y que buscarían otra solución.

Descartadas las opciones dejar caer el banco y que el Estado partira en la entidad, la alternativa era que el BCRA se quedara con las acciones mientras convocaba a acreedores internacionales o se transfirieran a otros accionistas, posición que finalmente sucedió. El directorio del banco fue intervenido.

“Escasany no nos dirigio la palabra por años”recuerda hoy un ex-funcionario.

También introdujo un cambio en la Carta Orgánica del Central, extendiendo el límite de redescuentos para asistir a los bancos en problemas. El IMF apoyó y el tema fue llevado al Congreso para que no fuera el Gobierno solo el que se hizo cargo de la política de asistencia. La senadora Cristina Fernández de Kirchner no apoyó la iniciativa. “La crisis se va a profundizar”, dijo en la sesión.

Una gran fila de banqueros se agolpó en la ventanilla del Banco Central pidiendo los préstamos de la autoridad monetaria para hacer frente al goteo de los depósitos.

En mayo de 2002 aprobó el plan de capitalización y liquidación de Galicia que incluía la salida de los principales acionistas del directorio. Recibió un shock de aportes nuevos, capitalización de acreencias y hasta un préstamo de bancos nacionales y extranjeros.

El BCRA financió un tercio de la caída de los depósitos con la política de redescuentos -líneas de crédito a los bancos para darles liquidez en medio de una crisis-. El 80% se concentra en cuatro bancos. En agosto de 2002, cuando había pasado lo peor de la crisis, Roberto Lavagna, sucesor de Remes, seguramente cerró el grifo.

«Como resultado de toda esta asistencia no hubo bancos de caída»,recuerda también hoy Remes Lenicov. El Galicia fue la entidad que más recibió a mayo de 2002, por encima de otros bancos públicos y privados. «Vale recordar lo que sucedería unos años después con Lehman Brothers el 15 de septiembre de 2008, todos los analistas coincidieron en señalar que fue un error y ello agravó la crisis”.

El jueves pasado, en EE.UU., la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, dio a entender que había posibilidades de dar más garantías a los depósitos por más de US$250.000, excepto que está con los bancos Silicon Valley Bank y Signature dos semanas atras “Podrían también garantizarse si las instituciones pequeñas sufren corridas y suponen riesgo de contagio”, agregó.

Las palabras de Yellen sin embargo no fueron del todo claras según notó El periodico de Wall Street en su editorial del viernes: la funcionaria había dado a oír horas antes que si algún banco tuviera que caer, lo haría. ¿Qué hará entonces, Biden tendrá la oferta de comprar un banco por un dólar en estos días? El pánico Desafía theorías y despierta reacciones no pensadas. Las acciones de Deutsche Bank cayeron un 10% el viernes.